TU PROPÓSITO DE VIDA: ¿alguien que te lo dicte? 2da parte

Por Olson Joseph

Mi padre quería un médico en la familia, yo quería ser abogado, al final me fui por la agronomía, aunque, haciéndole caso a mi papá, me inscribí a la facultad de medicina. La decisión de ser agrónomo no fue impulsada por mi amor a la tierra, ni por el interés propositivo de la carrera, de hecho, pensándolo mejor, no tuve mayor propósito que seguirle los pasos a la chica más destacada de la iglesia: era una persona llena de vida, me encantaba escucharla hablar, muy inteligente y activa.


Ella estudiaba en la facultad de agronomía mientras yo estaba en la segundaría; noté el grado de respeto que ella gozaba en la comunidad, los adolescentes de mi edad, jóvenes y adultos la respetaban, admiraban y hasta reverenciaban tanto que lo único que quería era parecerme a ella y así, me enlisté para estudiar la misma carrera que ella. El problema es que nunca fui bueno para biología, botánica, geología, anatomía, genética y matemáticas, todas estas materias fundamentales para obtener un título como ingeniero agrónomo.


Mis papás estaban encantados, tendrían su propia versión de Nadia* en casa: una Nadia II. Lamentablemente, para mis padres, los intentos por complacerlos no pasaron del examen de admisión a las facultades de agronomía y medicina, afortunadamente para mí.

Siempre he sido un estudiante aplicado, aunque las matemáticas siempre fueron mi talón de Aquiles, en el bachillerato decidí aplicarme y saqué calificaciones bastantes altas, es decir podría haber estudiado medicina, seguramente tendría el título y mis padres estarían felices, pero no era lo que quería yo.



POR QUÉ NO HUBIERA PODIDO SER MÉDICO?


Verás, la sangre me causa un pavor espantoso, eso sí: soy muy empático. Además, háblame de un accidente, de una parte, del cuerpo mutilada y justo me empieza a doler el punto del cual estás hablando; obviamente lo tendría que reprimir, pero no quise aventurarme.

Considerando esta parte de mi historia, debo ratificarte el mensaje: obedecer al dictado familiar, social o religioso para determinar a qué te dedicarás como profesional no es la mejor opción; justo ahorita podrías decir: "Bien, Olson, seamos entonces artistas, allí está la fuente de la juventud y felicidad eterna, el ápice de la satisfacción humana, el oráculo de la creatividad y emotividad", puede que sí, pero sígueme leyendo mejor.


Siempre he sido buen alumno, pude sacar buenas calificaciones, porque mi casa era prácticamente un cuartel militar, me inculcaron el "Pay now, play after" paga ahora, juega después y déjame te digo algo, en este ambiente de disciplina y de exigencia tan alto sólo me quedaba estudiar y hacer las tareas hasta que quedara todo perfecto y luego, si había tiempo, jugaba, sino a dormir y al siguiente día lo mismo, levantarme a las cinco de la madrugada para estudiar ¿te lo imaginas? tienes ocho años y te someten a este nivel de disciplina. Tu pregunta es obvia ¿no? ¿qué rayos tiene eso que ver con el tema?


En mi último año de primaria contendía con otros dos alumnos por el primer lugar de aprovechamiento escolar, éramos un círculo cerrado, una especie de élite académica al que nuestros demás compañeros no lograban entrar. Siendo un niño se me ocurrió la grandiosa, efectiva y propositiva idea de juntarnos los tres más aplicados, formar un grupo de trabajo y estudiar con nuestros compañeros, esos que luchaban por sacar el promedio. Lo propuse a "la élite" y accedieron, después de clase nos quedábamos para estudiar con ellos, ¡buenos viejos tiempos! **



TU PROPÓSITO DE VIDA...

¿En qué estábamos? Ah, sí, ¿necesitas que alguien te dicte tu propósito de vida?

Mira, Simon Sinek conceptualiza algo llamado el círculo de oro en tres niveles de comprensión del quehacer de un ser humano: ¿qué haces? ¿cómo lo haces? y ¿por qué lo haces?

Es aquí cuando traemos los cuatro puntos mencionados en el artículo anterior: pasión, la vocación, la misión y la profesión.

Siguiendo la narrativa del Doctor Sinek, todos hablan de lo que hacen, la tan vacía y protocolaria pregunta ¿A qué te dedicas? es muy fácil de contestar a menos que seas un ni-ni-ni (ni estudia, ni trabaja, ni le importa), si es tu caso, acompáñame hasta el fin de esta historia.



La juventud de hoy día quiere hacer algo, ya no les interesa ser alguien. La pregunta ¿qué quieres ser de grande? cambió drásticamente a un simple ¿a qué te quieres dedicar? como si el hacer fuera más importante que el ser. Esta generación prefiere el hacer que ser: un "ser influencer, ser youtuber o ser tiktoker", llama la atención más que ser médico, profesor, abogado o músico. No discrimino ni sobajo nada el medio de entretenimiento, pero hay un escozor por lo fácil** que le pone la vida a los jóvenes sin ser aprovechables, productivos, necesarios y útiles.


La respuesta a ¿Cómo llegar a ser alguien? se presta más difícil porque, aunque entiendas los procedimientos, no siempre es fácil verbalizar la profesión y explicar los resortes de la actividad como tal, es decir: la función social de lo que hago, esto deja una línea conversacional muy problemática: ¿por qué lo haces? Estoy maravillado la cantidad de veces que se pregunta a alguien un por qué de su profesión o la manera de ganarse la vida y contestan con un para qué.

A seguir...


*El nombre a sido cambiado a propósito.

**La próxima semana te comentaré más de la historia con mis compañeros de primaria.

***Tampoco estoy diciendo que ser youtuber es fácil, sin embargo el ser humano tiende a buscar el camino el más fácil, y cuando sucede eso, el peligro para caer en la trivialidad se multiplica exponencialmente.

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