¿NECESITAS QUE ALGUIEN DICTE TU PRÓPOSITO DE VIDA? (Parte 1)

Por Olson Joseph

En el artículo anterior reflexionamos sobre la necesidad de examinar las actividades del diario vivir para así determinar el grado en el que éstas ayudan a la realización integral de la persona y ser la persona que debemos ser, considerando las aptitudes naturales como las habilidades adquiridas y desarrolladas. Haciendo valer estos dos factores podemos pensar en una entelequia de la persona en cuanto a lo que puede desarrollar en vista de una aportación a la sociedad.

La pregunta filosófica básica es ¿por qué de la existencia de una persona en la tierra? A qué se debe este estado de -permítanme llamarle así- peregrinaje en la tierra. Estamos viviendo tiempos difíciles: tenemos una crisis de salud que doblegó a las grandes potencias aún dentro de sus más elevados centros de investigación científicos, once meses y ningún laboratorio ha logrado encontrar una solución satisfactoria a este virus que no ha dejado de cobrar vidas y no le interesa edad, posición social o cargo. Tampoco hay una explicación sólida del por qué y cómo actúa este virus. Este momento histórico trae a nivel personal situaciones que afectan estados de ánimo y generan inestabilidad y desesperación. Todo el paquete expuesto es sólo la punta de un problema subyacente todavía más profundo, aunado a ello, hay personas que no logran definirse y tomarse un lugar en la comunidad humana.


Estamos en un momento de la historia de la humanidad en donde muchas personas experimentan episodios de crisis existencial, el Doctor Richard K. James define en su libro Crisis intervention strategies, una crisis existencial como “un momento en el cual el individuo cuestiona los fundamentos de su vida a saber si tiene algún sentido, propósito o algún valor.” Al no encontrar respuesta a este cuestionamiento decae el ánimo y la productividad se ve afectada, esto puede llevar a la toma de decisiones muy imprudentes, o comportamientos ligeros cuyos resultados pueden ser nefastos en un futuro lejano para algunos: problemas en la vejez, sufrimientos y hasta el vagabundeo desperdiciando años de vigor y energía (lato sensus).

Con base en todo lo enunciado anteriormente, se puede incluso, y con todo atrevimiento, decir que vivir sin tener claridad sobre nuestro propósito de vida es un gran peligro, tanto para el individuo como para la sociedad. ¿Dónde podemos encontrar este propósito de vida? ¿Debe uno recurrir a una experiencia mística, algún oráculo que le indique con certeza que es lo que uno tiene que hacer? ¿Algún profeta, gurú, sacerdote o iluminado debe leer el futuro de uno y decirle cual es el “plan divino” para nuestra vida? ¿Habrá alguna manera más aterrizada, sin inmiscuir profesiones de fe, con una observación consciente refinando cada vez las herramientas para obtener una brújula que indique por dónde empezar a indagar?

La respuesta es sí. Aunque existe una tendencia nueva del ser humano a dejar las riendas de sus vidas a otras personas bajo el pretexto de que aquellas son iluminadas o más sabias, mientras estos mismos iluminados ni siquiera saben tomar buenas decisiones para sí mismos, sin quitarle méritos a aquellas personas que sí recibieron el don de sabiduría y sí efectivamente saben dar buenos consejos. Una cosa es recibir un consejo de una persona, porque ha desarrollado prudencia con base en la aplicación de los principios que rigen su vida tanto en lo espiritual, en lo moral y en lo ético, por lo tanto, representan un modelo de vida y por lo mismo son ejemplos de que lo que recomiendan sirve, y otra es depender totalmente de la voluntad de aquellas personas para las decisiones más importantes de la vida.


Quisiera hacer una observación al respecto del personaje de Jesús, el carpintero del siglo uno que produjo un movimiento que perdura hasta hoy: Me imagino a Jesús teniendo una plática con José acerca de su misión como mesías, explicándole que era el Salvador y José diciéndole: “Mira hijo, en esta familia somos carpinteros, el sacerdocio es para levitas”, y Jesús, claramente insatisfecho con la respuesta de su progenitor legal, se va con el sacerdote del pueblo para que le recuerde que concerniente a la Torah, tenía que haber nacido en una familia sacerdotal por lo que no tenía ningún chance de ser y hacer lo que dice, aparte recalcarle que su primo Juan tenía más posibilidades por ser hijo de un sacerdote pero lástima, este tipo es un antisocial, ya no califica para el sacerdocio.

Esta situación bíblica hipotética se vive todos los días en los hogares, en las escuelas y en las congregaciones religiosas donde abundan los conceptos tradicionales, una cultura de aletargamiento y preceptos que pretenden saber mejor el rumbo que uno debería tomar sin considerar las facultades intrínsecas del individuo, echan de lado las capacidades técnicas o mentales con las cuales la persona haya nacido y que brotan desde sus primeros pasos como ser humano. En este tenor hablamos del propósito de vida basado en cuatro elementos fundamentales: pasión, la vocación, la misión y la profesión.


A seguir...



Nota totalmente personal para los cristianos: Una relación personal con Dios te libera de la dependencia de intermedios que te dicten lo que Dios quiere para tu vida, muchas veces basado en sus prejuicios o intereses, puede que use a alguien para darte el mensaje, tú debes pedir a Dios dirección, sabiduría y confirmación de sus planes para tu vida, estas pueden ser pruebas reales y fehacientes de lo que te conviene o no hacer.

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